La década del 80 estuvo marcada por el auge de la cultura, pero sobre todo del arte. La vanguardia de esta industria cada vez tomaba mayor protagonismo y logró ser el centro de atención de los medios de comunicación. Cuadros y esculturas llegaron a triplicar su valor en comparación a años anteriores a raíz del gran interés de la sociedad hacia los artistas y sus obas.
Sin embargo, para algunos periodistas y críticos de la época, fueron años controvertidos y de muchas contradicciones.
Juan Maffi, profesor de la cátedra Historia del Arte en Instituto de Universitario Nacional del Arte (IUNA), explica esta versión
Por su parte, el periodista y creador del Nuevo Periodismo, Tom Wolfe, retrata en su libro "El artista invisible" a Frederick Hart, un hombre creativo con una gran habilidad pero que fue ignorado y menospreciado por los "entendidos" de la época. A pesar que Hart era un escultor que había ganado importantes premios y concursos, y hasta se hizo millonario por inventar un nuevo método de esculturas, nunca se le reconocieron sus aptitudes. Sin embargo, luego de su muerte sus obras se reivindicaron y cobraron importancia.
En contraposición, el texto "Réquiem por un peso pluma", del escritor y crítico de arte Robert Hughes, cuenta la historia de un artista callejero que sin resaltar del resto, la moda lo llevó a la popularidad. Hughes sostiene que Jean-Michel Basquiat no contaba con las condiciones necesarias para saltar a la fama pero que "pinturas sencillas, instantáneas y primitivas, eran el producto perfecto que requería la industria del arte en los años ochenta.
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Arte,
Evelin Schuhwerk

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